El Capitalismo neoliberal como Visión del Mundo: Inmanencia, Técnica y Crisis Ontológica

Por Paolo Falconio
12 de agosto de 2026
PUBLICADO
El Capitalismo neoliberal como Visión del Mundo:  Inmanencia, Técnica y Crisis Ontológica
Scritti Accademici Abstract Este ensayo propone un análisis del capitalismo liberal no como un simple sistema económico, sino como Weltanschauung, una visión del mundo capaz de moldear categorías cognitivas, valores, formas de subjetividad y relaciones sociales. A través de un enfoque interdisciplinar que entrelaza filosofía política, economía, sociología y teoría de la técnica, el trabajo examina la transformación del capitalismo de modelo productivo a paradigma cultural autorreferencial, profundizando en el papel de la financiarización, la relación con el Estado, la construcción del individuo contemporáneo y la emergencia de la técnica como posible principio ordenador destinado a superar la propia lógica del capital que ciegamente la concibe solo como nueva oportunidad de acumulación. El objetivo del ensayo no es formular una crítica ideológica ni proponer un retorno a los modelos políticos y económicos del siglo XX. No pretende poner en cuestión conceptos como la propiedad privada o la libertad de empresa. Existen muchas caras del capitalismo que no pueden confundirse con el capitalismo neoliberal. Pensemos en el capitalismo liberal clásico o en el keynesiano. El ensayo no pretende reivindicar el comunismo, el socialismo real u otras experiencias históricas que han mostrado, también ellas, profundas limitaciones teóricas y prácticas. El análisis se sitúa más bien en una perspectiva descriptiva y crítica, orientada a identificar las transformaciones estructurales de la modernidad y las tensiones generadas por la actual configuración del capitalismo global. La finalidad es ofrecer instrumentos interpretativos que favorezcan un debate abierto y riguroso sobre el futuro de las sociedades contemporáneas, con la convicción de que los desafíos planteados por la financiarización, la inteligencia artificial, la crisis del sentido y la creciente autonomía de la técnica requieren categorías nuevas y soluciones innovadoras, capaces de ir más allá de la tradicional contraposición entre capitalismo y comunismo. Más que señalar respuestas definitivas, el ensayo pretende plantear las preguntas fundamentales necesarias para imaginar nuevos paradigmas económicos, políticos y antropológicos adecuados a las transformaciones del siglo XXI. 1. Premisa metodológica El análisis del capitalismo como sistema económico ha ocupado a generaciones de pensadores, desde Marx hasta Weber, desde Schumpeter hasta Braudel. Sin embargo, reducir el capitalismo a la sola dimensión económica significa malinterpretar su naturaleza más profunda. El capitalismo— no fue simplemente un modo de producción: es una "Weltanschauung", una visión del mundo que moldea categorías cognitivas, estructuras afectivas y horizontes valoriales. Es en este sentido que el presente análisis pretende avanzar, explorando los fundamentos ideológicos del capitalismo, su crisis interna en la forma financiera, y su relación con la técnica como superación del mismo. 2. El Capitalismo como Weltanschauung: el infinito sin fin La distinción fundamental de la que es necesario partir es la de medio y fin. Un sistema económico, en su acepción clásica, es instrumental con respecto a un fin externo: la prosperidad de la comunidad, la realización del bien común, la gloria de Dios, el poder de la nación. El capitalismo, en su madurez histórica, ha eliminado progresivamente cualquier finalidad externa a sí mismo, convirtiéndose en sistema autotélico y autorreferencial. Esta estructura encuentra su expresión más nítida en el concepto de "desarrollo infinito". El crecimiento —medido en PIB, en tasas de beneficio, en expansión de los mercados— no está orientado hacia ningún telos extramundano: es un fin en sí mismo. Como observó Walter Benjamin en su fragmentario "Kapitalismus als Religion" (1921), el capitalismo es un culto sin tregua y sin misericordia, en el que la deuda sustituye al pecado y la acumulación sustituye a la redención. El infinito capitalista no es el infinito de la mística ni el de la metafísica: es el infinito del proceso, del ciclo, de la reproducción ampliada. Esta ausencia de fin —en el doble sentido de "propósito" y de "término"— es precisamente la fuente de su fuerza ideológica. Un sistema que no tiene fin no puede ser juzgado con respecto a un fin: se sustrae a la crítica teleológica y se presenta como horizonte natural de la existencia humana. 3. El individuo capitalista: la actio mentis spinoziana como dispositivo de subjetivación Si el capitalismo es una visión del mundo, debe producir los sujetos adecuados a sí mismo. El proceso de subjetivación capitalista se articula a través de tres categorías fundamentales: dinero, producción y consumo. El individuo capitalista es aquel que se comprende como productor de valor, consumidor de mercancías y poseedor —efectivo o aspirado— de dinero. La referencia a la actio mentis spinoziana es aquí particularmente fecunda. En Spinoza, la acción de la mente es el acto a través del cual el intelecto se apropia adecuadamente de las causas de sus propias ideas, superando la pasividad de las ideas inadecuadas. El capitalismo opera, paradójicamente, una inversión de esta estructura: produce sujetos que se perciben como activos —emprendedores, creativos, autónomos— pero que en realidad están atravesados por determinaciones estructurales que no controlan ni comprenden. La actio mentis capitalista es una autonomía simulada: el sujeto está convencido de actuar, pero actúa según guiones ya escritos por la lógica de la acumulación. La ética que se deriva de ello es radicalmente inmanente. No llama al individuo hacia un orden trascendente, sino que lo devuelve, en cada instante, a las categorías del mercado. El valor no es ya una categoría metafísica o moral: es un precio. La virtud no es ya una orientación hacia el bien: es una eficiencia. El tiempo no es ya el tiempo de la salvación: es el tiempo de la productividad. 4. Las crisis como momento interno del capital Un argumento frecuentemente opuesto al capitalismo es su inestabilidad cíclica: las crisis económicas parecerían testimoniar la fragilidad estructural del sistema. Sin embargo, como ha mostrado con precisión Joseph Schumpeter en el concepto de "destrucción creativa", y como el propio Marx había anticipado en el análisis de los ciclos del capital, las crisis no son ajenas al capitalismo: son momentos constitutivos del mismo. La crisis cumple una función de selección y regeneración: elimina las empresas menos eficientes, revaloriza el capital depreciado, abre nuevos espacios de acumulación. En este sentido, la crisis es "ocasión" antes que catástrofe. No interrumpe el ciclo del capital: lo relanza sobre bases renovadas. Este esquema encuentra confirmación en las grandes crisis del siglo XX y del siglo XXI. La crisis de 1929, la de 2008, las turbulencias post-pandémicas han generado en todo caso respuestas que, aun modificando las formas del capitalismo, han preservado y a menudo reforzado su lógica de fondo. El sistema posee una extraordinaria capacidad de metabolizar sus propias contradicciones. Pero si el Capitalismo se regenera, con frecuencia las consecuencias humanas y sociales son profundas. 5. El Estado como salvavidas y como variable dependiente La relación entre capitalismo y Estado es uno de los nudos teóricos más complejos de la modernidad política. La vulgata liberal querría al Estado como antagonista del mercado: toda intervención pública sería una distorsión del orden espontáneo de los intercambios. La realidad histórica revela una estructura mucho más ambivalente. El Estado es, para el capital, el salvavidas último. En las fases de crisis aguda —1929, 2008— es el Estado quien interviene para socializar las pérdidas, garantizar la liquidez, salvar las instituciones sistémicamente relevantes. Es el Estado quien mantiene el orden jurídico sin el cual ningún contrato sería posible, ningún derecho de propiedad garantizado. El capital, por mucho que se presente como orden autosuficiente, depende estructuralmente del poder coercitivo y normativo del Estado. Sin embargo, en las fases de expansión, cuando el cuadro económico es favorable y los beneficios abundantes, el capital tiende a relegar al Estado a los márgenes, presentando la intervención pública como ineficiente, distorsionante, obsoleta. Esta oscilación —del Estado como enemigo al Estado como garante y viceversa— revela la naturaleza instrumental de la relación: el Estado nunca es un principio autónomo en la lógica capitalista, sino una variable dependiente de las exigencias del ciclo de acumulación. 6. El Capitalismo financiero como metástasis Si el capitalismo clásico —el de la manufactura, de la fábrica, del beneficio como plusvalía extraída de la producción— mantenía todavía un vínculo, por conflictivo que fuera, con la dimensión real de la economía, el capitalismo financiero contemporáneo representa una ruptura cualitativa de este vínculo. En las finanzas avanzadas, el dinero genera dinero sin pasar por la producción de mercancías. Los derivados, los títulos estructurados, los instrumentos especulativos de todo tipo construyen una superestructura financiera cuya relación con la economía real se vuelve cada vez más tenue y mediada. El capital financiero no solo puede multiplicarse a través de instrumentos y circuitos cada vez más distantes de la producción originaria de valor, sino que puede construir niveles sucesivos de valorización fundados en las expectativas relativas a valores futuros. Es en este sentido en el que se puede hablar, con plena legitimidad conceptual, de "metástasis": como la célula cancerosa que se replica sin cumplir ninguna función orgánica. Esta separación entre dinero y mercancía no es simplemente una anomalía técnica: es una crisis ontológica. El dinero, en su función clásica, es medida del valor de las mercancías y medio del intercambio. Cuando el dinero se separa de la mercancía y se convierte en objeto de especulación autónoma, pierde su función representativa y se convierte en simulacro: signo que no remite a ningún referente real. Jean Baudrillard había intuido esta dinámica en su análisis de la simulación, aunque en el contexto más amplio de la cultura posmoderna. 7. La tríada finanzas-producción-consumo y la crisis ontológica de la sociedad sin fines En la tríada finanzas, producción y consumo se consume —en el doble sentido del término— la crisis ontológica de las sociedades capitalistas maduras. Esta tríada no describe simplemente una articulación funcional de la economía: describe la estructura de la existencia en la modernidad capitalista. Las finanzas dominan el tiempo: anticipan beneficios futuros, apuestan sobre escenarios probabilísticos, transforman el futuro en objeto de intercambio presente. La producción domina el espacio: organiza el territorio, los cuerpos, las competencias en función de la creación de valor. El consumo domina el deseo: transforma la necesidad en demanda solvente, el deseo en preferencia de mercado. En esta estructura no hay espacio para fines que excedan la propia tríada. La pregunta sobre el sentido de la existencia —la más antigua de las preguntas filosóficas— se desvía hacia la pregunta sobre el consumo: "¿qué deseas?" equivale a "¿qué puedes comprar?" La crisis ontológica no es, por tanto, una crisis económica: es la crisis de una civilización que ha eliminado sistemáticamente los horizontes de sentido no reducibles al mercado. 8. La técnica como cumplimiento de la voluntad de poder y superación del capitalismo Es en este punto donde se abre la cuestión más radical: el capitalismo, incluso en su forma degenerada, está destinado a ser superado por el advenimiento de la técnica. La referencia a la "voluntad de poder" nietzscheana no es aquí ornamental. Heidegger, en su ensayo "La pregunta por la técnica" (1954), había mostrado ya cómo la técnica moderna no es un simple conjunto de instrumentos, sino una modalidad de desvelamiento de lo real —el "Gestell", el dispositivo— que transforma todo ente en "Bestand", en reserva disponible. La técnica no está al servicio del hombre: es la forma en la que la voluntad de poder se manifiesta en la historia. El capitalismo ha alimentado y orientado la técnica, pero no la controla. La técnica financiera, la técnica productiva, la técnica del consumo —algoritmos, inteligencia artificial, automatización— están ya produciendo dinámicas que exceden la lógica del beneficio tradicional y que amenazan con volver obsoletos a los sujetos económicos humanos sobre los que se funda el capitalismo. En esta perspectiva, la técnica arrasa al hombre porque realiza, hasta las últimas consecuencias, la voluntad de poder que el capitalismo había movilizado sin llevar nunca a su cumplimiento. Una voluntad de poder que no tolera límites: ni los del mercado, ni los del Estado, ni —y aquí se abre la cuestión teológica— los de Dios. 9. La muerte de la Patria, el simulacro valorativo y el intento prometeico de matar a Dios El capitalismo financiero ha operado una disolución sistemática de las identidades colectivas arraigadas. La Patria —entendida no en sentido nacionalista sino como comunidad de destino, como horizonte de sentido compartido, como lugar de la pertenencia— ha sido erosionada por la movilidad del capital, la deslocalización, la financiarización de los recursos territoriales. El capital no tiene patria: esto no es una metáfora sino una descripción estructural. Junto con la Patria, el capitalismo ha vaciado progresivamente también la dimensión vertical de la existencia: lo sagrado, lo trascendente, el más allá. No a través de una crítica explícita —el capitalismo no es anticlericalismo— sino a través de la más sutil de las operaciones: la reducción del más allá a simulacro valorativo, a contenido cultural consumible, a producto del mercado identitario. En el mejor de los escenarios, Dios sobrevive en una dimensión íntima, pero es expulsado de la experiencia terrenal simplemente porque es ajeno a la creación de valor, cuando no contrario a la acumulación sin fin. En el peor de los escenarios, Dios sobrevive como marca, la tradición como folclore, lo sagrado como experiencia turística. Pero es la técnica, en su forma más avanzada, quien lleva este proceso a sus últimas consecuencias. La inteligencia artificial, el transhumanismo, las biotecnologías prometen lo que las religiones habían reservado siempre a Dios: la creación de vida, la derrota de la muerte, la trascendencia de los límites de la condición humana. No es casual que los grandes tecnócratas de nuestro tiempo hablen explícitamente de inmortalidad, de carga de la conciencia, de "singularidad". Este es el intento prometeico —en sentido propio— de matar a Dios no negándolo, sino sustituyéndose a él. La voluntad de poder, en su declinación técnica, no tolera ningún límite ontológico. Aspira a redefinir al propio ser humano, a superar la finitud que es la condición de toda apertura a lo trascendente. En este sentido, la técnica no es simplemente una economía diferente al capitalismo: es la forma en la que la modernidad lleva a su cumplimiento su proyecto más radical, el que Max Weber había llamado el "desencantamiento del mundo" —y que hoy podríamos llamar el intento de "matar el encantamiento mismo". 10. Conclusión: hacia una ontología crítica del presente Lo que emerge de este análisis es un cuadro de extraordinaria complejidad y de igualmente extraordinaria urgencia. El capitalismo, como visión del mundo, ha producido una civilización opulenta sin fines, de desarrollo sin dirección, de libertad sin fundamento. Su forma financiera ha acentuado estas tendencias hasta la patología. Y la técnica, que el capitalismo ha generado y alimentado, se apresta a superarlo, llevando a su cumplimiento procesos que el propio capitalismo no es capaz de gobernar. Ante este escenario, la filosofía no puede limitarse a la crítica: debe convertirse en "ontología crítica del presente", para usar la expresión de Michel Foucault. Debe interrogar las condiciones de posibilidad de existencias no reducidas a la tríada dinero-producción-consumo, de subjetividades que no se agoten en el perfil del homo economicus, de comunidades que mantengan —o recuperen— horizontes de sentido capaces de resistir tanto a la liquidez del capitalismo financiero como al poder desencantador de la técnica. La cuestión no es si el capitalismo caerá —la historia sugiere que todo sistema tiene su ciclo. La cuestión es qué vendrá después: si un orden técnico aún más radicalmente carente de fines, o si la crisis producirá las condiciones para un retorno a la pregunta sobre el bien y, más prosaicamente, sobre el bien Común entendido como progreso material tanto como humano, ese bien Común que ya Tomás de Aquino en el siglo XII definía como condición última de legitimidad del poder. Es una pregunta que el capitalismo había suspendido pero que la técnica podría archivar definitivamente si su producto, un superhombre a imagen de una eficiencia que todo excluye, matara a Dios, simplemente volviéndolo superfluo. Bibliografía esencial (anotada) Capitalismo como visión del mundo / sistema autotélico - Walter Benjamin – El capitalismo como religión Fragmentario pero fundamental para la idea del capitalismo como culto autorreferencial. - Max Weber – La ética protestante y el espíritu del capitalismo Genealogía clásica de la racionalidad capitalista y sus fundamentos morales. Subjetividad, Spinoza y dispositivos neoliberales - Baruch Spinoza – Ética Para el concepto de actio mentis e ideas adecuadas/inadecuadas. - Michel Foucault – El nacimiento de la biopolítica Esencial para comprender la formación del sujeto neoliberal. - Gilles Deleuze – "Posdata sobre las sociedades de control" Para el paso de las sociedades disciplinarias a las de control, relevante para el análisis de la subjetivación. Crisis, ciclos y destrucción creativa - Karl Marx – El Capital, Vol. I–III Para la lógica interna de las crisis y la reproducción ampliada. - Joseph Schumpeter – Capitalismo, socialismo y democracia Para el concepto de destrucción creativa como regeneración estructural. Estado, mercado y gobernanza neoliberal - Karl Polanyi – La gran transformación Para la dialéctica entre expansión del mercado e intervención del Estado. - Wolfgang Streeck – Comprando tiempo: la crisis diferida del capitalismo democrático Para la dependencia del capitalismo contemporáneo del poder estatal y la deuda pública. Financiarización, simulacros y valor - Jean Baudrillard – Simulacros y simulación Para el concepto de valor como simulacro, crucial para el argumento de la "metástasis". - Randy Martin – La financiarización de la vida cotidiana Para la penetración de la lógica financiera en la subjetividad cotidiana. - Maurizio Lazzarato – La fabricación del hombre endeudado Para la deuda como mecanismo de subjetivación. Técnica, Gestell y voluntad de poder - Martin Heidegger – La pregunta por la técnica Central para la tesis sobre la técnica como Gestell que supera al capitalismo. - Friedrich Nietzsche – La voluntad de poder Para la fundamentación metafísica de la expansión tecnológica. - Shoshana Zuboff – La era del capitalismo de vigilancia Para la autonomía de las plataformas digitales y la extracción de datos. - Nick Bostrom – Superinteligencia Para el horizonte tecnológico que excede la agencia económica humana. Crisis ontológica, sentido y modernidad - Byung-Chul Han – La sociedad del cansancio Para las consecuencias antropológicas de la subjetividad orientada al rendimiento. - Charles Taylor – Una era secular Para la erosión de la trascendencia y la crisis del sentido. - Hartmut Rosa – Aceleración social: una nueva teoría de la modernidad Para la estructura temporal de la modernidad tardía y sus efectos ontológicos. © Paolo Falconio